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Contratar a tu primer empleado en una agencia: lo que nadie te cuenta antes

José Alvargonzález 16 min de lectura

Contratar a tu primer empleado en una agencia: lo que nadie te cuenta antes

TL;DR

Contratar al primer empleado en una agencia es la decisión que más caro pago de toda la primera etapa de un negocio de servicios: convierte tu oficio en una empresa, multiplica tus costes fijos por 1,4 y te obliga a dejar de ser ejecutor para empezar a ser jefe. Yo lo hice tarde, mal y con miedo en Digitalvar, y desde entonces he visto repetir los mismos errores a decenas de fundadores. El momento adecuado no llega cuando “puedes pagarlo”, llega cuando rechazas trabajo, trabajas 60 horas y la calidad empieza a caer. El perfil correcto casi nunca es el junior barato que tu cabeza pide. Y el primero, paradójicamente, hay que pagarlo por encima de mercado.

¿Por qué contratar al primer empleado en una agencia es la decisión más importante que tomarás en los dos primeros años?

Voy a empezar por lo incómodo. La mayoría de los fundadores que conozco se obsesionan con la primera factura grande, con el primer cliente recurrente o con la web nueva. Y todo eso importa, claro que importa. Pero ninguna de esas decisiones cambia tu vida tanto como contratar al primer empleado en una agencia. Hasta ese día tú eres autónomo con clientes. A partir de ese día eres empresario, te guste o no, y la diferencia es radical.

En mi caso, contratar al primer empleado en una agencia significó pasar de facturar lo que yo aguantaba con mis manos a facturar lo que aguantábamos entre dos. Suena bien sobre el papel. En la práctica, los primeros seis meses gané menos que cuando estaba solo. Trabajé más horas. Y dormí peor. Pero al cabo de un año la facturación se había multiplicado por 1,8 y, sobre todo, había dejado de estar atado a cada entrega. Esa es la promesa real, y por eso merece la pena pasar por el dolor.

Lo que nadie te cuenta es que el día que contratas dejas de poder esconderte detrás del “es que soy yo solo”. Tienes que tener procesos. Tienes que escribir cosas. Tienes que delegar y tragar con que la primera versión no sea exactamente como tú la habrías hecho. Si no estás preparado para eso, no estás preparado para contratar al primer empleado en una agencia, y da igual cuánto dinero tengas en el banco. Esto va de cabeza, no de caja.

¿Cuándo es el momento real de contratar al primer empleado en una agencia?

Aquí es donde casi todo el mundo se equivoca, yo el primero. La pregunta correcta no es “¿puedo permitírmelo?”. La pregunta correcta es “¿qué precio estoy pagando por no hacerlo?”. Y hay tres señales muy concretas que indican que el coste de no contratar ya es mayor que el coste de contratar. Cuando aparecen las tres a la vez, es el momento. Punto.

La primera señal es que estás rechazando trabajo que encaja con lo que haces. No proyectos basura, no clientes tóxicos, no precios bajos. Encargos buenos que dirías que sí si tuvieras manos. La segunda señal es que estás trabajando sistemáticamente más de 55 o 60 horas a la semana y llevas así más de tres meses. No una semana mala, no un sprint puntual: un estado constante. La tercera señal, y la más grave, es que la calidad ha empezado a caer. Tardas más en responder emails. Se te olvidan cosas. Algún cliente lo ha notado.

Si rechazas trabajo, trabajas 60 horas y la calidad cae, el momento ya pasó hace tres meses.

Yo aguanté demasiado con estas tres señales encima. Pensaba que era cuestión de organizarme mejor, de usar otra herramienta de gestión, de despertarme antes. Mentira. El cuello de botella era yo, y ninguna app del mundo iba a arreglar eso. El día que asumí que contratar al primer empleado en una agencia no era un lujo sino una obligación operativa, todo cambió. El miedo no desapareció, pero la decisión se volvió mucho más fácil.

¿Qué señales económicas te dicen que ya puedes contratar?

La regla simplificada que uso es esta: para contratar al primer empleado en una agencia con cabeza, deberías tener facturación recurrente o muy previsible que cubra mínimo 12 meses de su coste total, no de su salario bruto. Si facturas 8.000 euros al mes de manera estable y previsible, y el coste total del nuevo empleado va a ser 2.800 euros mensuales, vas a estar tranquilo. Si facturas 5.000 euros y vas a meter un coste de 2.800, te vas a comer las uñas cada mes y vas a tomar malas decisiones por ansiedad.

Esa previsibilidad tiene que venir de contratos firmados, retainers o histórico repetido, no de “este trimestre va muy bien”. Yo cuento solo los ingresos que puedo demostrar con datos del trimestre anterior. Cualquier ingreso extra es bonus, no base de cálculo. Esta disciplina financiera me ha evitado disgustos serios: una vez estuve a punto de contratar basándome en un proyecto enorme que iba a entrar “seguro”. El proyecto no entró. Si hubiera firmado, habría tenido un problema gordo.

Una referencia útil aquí es la guía del Ministerio de Trabajo sobre obligaciones del empleador, que explica de forma clara qué te toca pagar y cuándo. No es lectura entretenida, pero es necesaria. Y si no tienes una gestoría todavía, este es el momento de contratarla, no después. Mejor gastar 80 euros al mes en alguien que sepa que cometer un error de cotización que te cueste mil.

¿Cuánto cuesta de verdad contratar al primer empleado en una agencia en España?

El error más caro que veo es pensar que el coste de un empleado es su salario bruto. No. El coste real de contratar al primer empleado en una agencia en España es, mínimo, el salario bruto multiplicado por 1,4. A veces 1,5. Y eso sin contar todo lo “blando” que casi nadie suma: tiempo de onboarding, formación, errores del primer trimestre, equipo, software, espacio.

Si vas a contratar a alguien con un salario bruto de 24.000 euros al año, no estás comprometiendo 24.000 euros. Estás comprometiendo entre 33.600 y 36.000 euros de salida, más unos 3.000-4.000 euros adicionales en setup. La cifra real está más cerca de 38.000 que de 24.000. Hacer este cálculo bien antes de firmar el contrato es lo que separa una contratación que te impulsa de una que te ahoga.

Te lo desgloso como lo calculo yo en Digitalvar, sin trampas. La idea no es asustarte, es que veas con qué números reales se trabaja. Si los números cuadran, adelante. Si no cuadran, mejor saberlo ahora que en marzo del año siguiente con el segundo trimestre pagado y la cuenta en rojo.

¿Qué partidas debes sumar al salario para conocer el coste real?

La primera partida es la Seguridad Social a cargo de empresa, que en España ronda el 30-32% del salario bruto. Sobre 24.000 euros eso son unos 7.500 euros al año, solo de SS. Esta es la parte que más gente olvida o subestima. Recomiendo siempre tener una conversación con tu gestor para que te calcule el coste exacto en función de la categoría y la bonificación, si la hay. Las bonificaciones por primer empleado existen pero cambian cada año y conviene revisarlas con alguien que las trabaje a diario.

La segunda partida es el equipo y el software. Aquí me he sorprendido a mí mismo con la cifra final. Portátil decente (1.500 euros), monitor (300), silla buena (400), licencias mensuales que se duplican porque el equipo crece (entre 100 y 250 al mes según stack), y un margen para imprevistos. Súmale entre 2.500 y 3.500 euros de setup el primer mes, y entre 100 y 300 euros al mes recurrentes. Es poco glamuroso pero es muy real.

La tercera partida, y la que más se olvida, es el coste del onboarding. Esto no se ve en una factura pero se ve en tu cuenta de resultados. Yo calculo que las primeras seis semanas un empleado nuevo produce al 30-40% de su capacidad, y además te roba a ti entre 2 y 4 horas diarias durante las primeras dos semanas. Si tu hora vale 80 euros, eso son varios miles de euros de oportunidad perdida. No lo escribas en ningún sitio porque deprime, pero ténlo en la cabeza al planificar caja.

¿Qué perfil contratar primero: comercial, ejecución o gestión?

Esta es la pregunta que más debate genera y donde más fundadores se equivocan. La respuesta corta es: depende de dónde esté tu cuello de botella. La respuesta larga es que en el 80% de los casos que veo, el primer empleado de una agencia debería ser de ejecución senior, no comercial y no gestión. Voy a explicar por qué, aunque sé que va a contracorriente del consejo típico de LinkedIn.

Si tu problema es que rechazas trabajo y no llegas a entregar, tu cuello de botella es ejecución. Contratar un comercial cuando no puedes entregar lo que ya tienes encima es como abrir el grifo cuando el desagüe está atascado: se desborda todo. Si tu problema es que vendes poco, entonces sí, comercial. Pero la mayoría de agencias pequeñas no tienen problema de venta, tienen problema de capacidad. Lo confunden porque ven que “necesitan crecer” y asocian crecer con vender más.

La gestión (operations, project management) viene cuando ya hay un equipo que gestionar, mínimo tres o cuatro personas. Meter un PM cuando sois dos es matar moscas a cañonazos y, además, generar una capa de comunicación entre tú y el ejecutor que ralentiza todo. Lo he visto fallar en, mínimo, cinco agencias amigas. El PM solo brilla cuando hay suficiente complejidad para gestionar.

¿Por qué senior y no junior, aunque cueste el doble?

Aquí va una de mis opiniones más impopulares, y la mantengo: contratar al primer empleado en una agencia tiene que ser un perfil senior, aunque cueste el doble que un junior. Y no es por esnobismo, es matemáticas puras. Un junior te exige el doble de tiempo de gestión y produce al 40-50% de la calidad esperada los primeros nueve meses. Cuando sois solo dos, el coste de oportunidad de tu tiempo gestionando al junior es brutal.

Un senior, en cambio, llega con criterio. Puedes darle un brief de tres líneas y entrega algo presentable. Se autogestiona. Identifica problemas antes de que exploten. Habla con clientes sin que tengas que estar tú detrás. Y, crucial, te enseña cosas a ti, no solo al revés. En Digitalvar mi primera contratación senior me hizo replantearme tres procesos internos que yo daba por óptimos. Eso no lo hace un junior, no porque no quiera, sino porque no tiene el contexto para detectarlo.

Un junior se gestiona, un senior se delega. Cuando sois dos, no puedes permitirte gestionar.

El junior tiene sentido a partir del tercer o cuarto empleado, cuando ya hay un senior que puede mentorizarlo y procesos que lo absorban. Antes de eso, es romper al fundador. Yo aprendí esto por las malas, contratando primero a una persona junior brillante a la que arruiné como profesional porque no tuve tiempo de formarla bien. Se fue a los ocho meses. Justificadamente. Fue mi error, no suyo.

¿Cómo diseñar un onboarding 30/60/90 que funcione de verdad?

El onboarding es donde más se nota la diferencia entre fundadores que han hecho esto antes y fundadores que lo improvisan. Improvisar el onboarding de tu primer empleado es la receta perfecta para que se vaya en seis meses. Y un empleado que se va en seis meses no solo te hace perder dinero: te hace perder confianza en el proceso de contratar al primer empleado en una agencia, y te paraliza para la siguiente.

Yo uso un esquema 30/60/90 que copié, refiné y simplifiqué. La idea es marcar tres hitos claros: qué tiene que dominar a los 30 días, qué tiene que estar produciendo a los 60, y qué tiene que estar liderando a los 90. Escribirlo. Compartirlo el primer día. Revisarlo cada dos semanas. Si los hitos no se cumplen, conversación honesta. Si se cumplen, ampliar.

La clave es que el onboarding no es solo “que aprenda nuestras herramientas”. Es que entienda el negocio, los clientes, cómo cobramos, qué nos diferencia, qué errores no podemos cometer. Si reduces el onboarding a “aquí tienes el Notion, lee la documentación”, estás pidiendo a alguien que se construya su propio mapa en un país nuevo. Va a tardar el doble y va a llegar a sitios donde tú no quieres que llegue.

¿Qué objetivos marcar en los primeros 30 días?

Los primeros 30 días son de inmersión y mini-entregas controladas. Nada de soltar al empleado nuevo en una cuenta clave en la segunda semana, por mucha prisa que tengas. El primer mes debe ser: conocer todos los clientes con presentación tuya, leer todos los proyectos vivos, hacer una tarea pequeña por cliente con tu revisión antes de enviarla, y observarte en una llamada de cada cliente. Sin más.

A los 30 días tiene que poder responder, sin mirar notas, qué hace cada cliente, qué espera de nosotros, qué nos diferencia para él y dónde están los riesgos. Si no puede, no le has formado bien y no es momento de soltarle. Aguantar un mes más de inmersión es siempre más barato que un cliente perdido por una entrega mal calibrada.

Yo en este primer mes hago una práctica que se llama “shadow inverso”: no solo me observa, también yo le observo a él trabajando en pequeñas tareas. Detecto qué le cuesta, qué hace rápido, qué interpreta de forma distinta a como lo interpretaría yo. Esto vale oro para el segundo mes, porque te permite asignar trabajo según fortalezas reales, no según lo que pone su CV.

¿Qué tiene que estar pasando a los 60 días?

A los 60 días el primer empleado en una agencia tiene que estar produciendo entregables completos con tu revisión final, no co-creación. Tu trabajo es revisar, no co-hacer. Si a los 60 días sigues haciendo el 50% del trabajo de tu primer empleado, no has delegado: has duplicado tu carga. Esta es una de las trampas más sutiles y más comunes.

A esta altura debería gestionar autónomamente al menos dos cuentas pequeñas o una mediana, llevar la comunicación directa con esos clientes (con copia a ti para empezar) y proponer mejoras a procesos internos. Si esa última parte no aparece, mala señal. Un empleado que a los 60 días no propone nada o es muy junior para el rol o le has hecho sentir que no debe opinar. Ambas cosas son malas.

Aquí también marco la primera conversación honesta de feedback en los dos sentidos. Yo le digo qué veo bien y qué veo mejorable, con ejemplos concretos. Él me dice lo mismo de mí, sin filtros. Esta conversación es incómoda y la mayoría de fundadores la posponen. Posponerla es el primer paso hacia tener un empleado desconectado a los seis meses que se acaba yendo sin avisar. Mejor sufrir 30 minutos de incomodidad cada dos meses que tres meses de búsqueda de reemplazo.

¿Qué se mide a los 90 días?

A los 90 días debes poder irte una semana de vacaciones y que la agencia no se incendie. Suena exagerado, pero es la prueba real. Si a los 90 días no puedes desconectar siete días seguidos, no has contratado a un primer empleado: has contratado a un asistente caro. Hay una diferencia enorme entre las dos cosas y afecta a todo lo siguiente que vayas a construir.

Las métricas concretas que uso son: número de cuentas que gestiona en autonomía (objetivo: 3-4 según tamaño), NPS o satisfacción de esos clientes (objetivo: igual o mejor que cuando yo las llevaba), horas mías liberadas a la semana (objetivo: 25-30) y errores graves cometidos (objetivo: cero, errores normales esperables). Estas cuatro métricas las reviso a los 90 días y cada trimestre después.

Y aquí va una verdad que rara vez se dice: si a los 90 días los números no cuadran, hay que tomar una decisión. No esperar a los 180. No “darle más tiempo”. A los 90 días, con un buen onboarding, sabes si la persona es la adecuada o no. Posponer la decisión es injusto para ti, para la persona y para los clientes. Yo he tenido que tener esta conversación dos veces. Las dos veces, en retrospectiva, debería haberla tenido antes.

¿Por qué pagar al primero por encima de mercado y no al revés?

Esta es probablemente la parte más contraintuitiva del artículo, y donde más fundadores discuten conmigo. Mi posición es clara: cuando contratas al primer empleado en una agencia tienes que pagarle por encima de mercado, no por debajo. Aunque sangre. Aunque te duela. Aunque “podrías encontrar a alguien más barato”. Especialmente por eso.

Tres razones. La primera es asimetría de riesgo: la persona que se incorpora a una empresa unipersonal está asumiendo un riesgo enorme. No hay equipo. No hay historial. Si tú te vas, la empresa muere. A cambio de ese riesgo, hay que ofrecer algo más que el sueldo de mercado. Si no, solo aceptarán el puesto los desesperados o los que no encuentran nada mejor, y ninguno de los dos perfiles es lo que quieres.

La segunda razón es la calidad del talento. El 10% mejor del mercado nunca acepta un sueldo medio en una empresa de una sola persona. Va a Google, a una agencia consolidada o monta lo suyo. Para captar a alguien del 25% superior tienes que estar al menos un 15-20% por encima del salario mediano para esa categoría. Esto se confirma en informes anuales como el Hays Salary Guide España, que es donde yo reviso bandas cada año antes de revisar sueldos del equipo.

Si pagas por debajo de mercado a tu primer empleado, lo que estás contratando no es a un empleado: es a un problema futuro.

La tercera razón es retención. La rotación del primer empleado es la más cara de toda la historia de la empresa, porque significa que tú tienes que volver al modo unipersonal mientras buscas. Subir el sueldo un 15% sobre mercado para que esa persona no se mueva en tres o cuatro años es una de las inversiones con mejor ROI que he hecho. Lo que parece caro al firmar es barato a 36 meses vista.

¿Qué errores cometí yo al contratar al primer empleado en Digitalvar?

Voy a ser honesto, porque creo que es la parte que más sirve. Cuando contraté al primer empleado en una agencia, en mi caso Digitalvar, cometí cuatro errores serios. Los cuento porque, si te los ahorras, este artículo ya ha valido la pena. Y porque me sigue costando admitirlos en público, lo cual probablemente significa que hay que admitirlos en público.

Error uno: contraté tarde. Aguanté un año entero con las tres señales encima (rechazaba trabajo, 60 horas, calidad cayendo). Mi argumento mental era “todavía no me lo puedo permitir”. Mentira. Sí me lo podía permitir, pero tenía miedo. Cuando finalmente contraté y vi cómo la facturación se desbloqueaba, calculé que ese año de retraso me había costado entre 30.000 y 40.000 euros de oportunidad perdida. Es más caro no contratar cuando deberías hacerlo, que contratar antes de tiempo.

Error dos: contraté junior cuando necesitaba senior. La lógica era “es más barato y le formo a mi manera”. Lo que no calculé es el tiempo de formación. Me pasé seis meses corrigiendo cosas que un senior habría hecho bien a la primera, y en esos seis meses yo seguí siendo el cuello de botella. La persona, que era muy capaz, se quemó intentando llegar a un estándar que yo le pedía pero no le había enseñado a alcanzar. Acabó yéndose. Mi culpa entera.

Error tres: improvisé el onboarding. Las primeras dos semanas fueron caóticas, sin objetivos claros, con tareas asignadas al vuelo. Esa persona pasó cuatro semanas sin saber muy bien qué se esperaba de ella, y eso erosionó la relación desde el inicio. El día que escribí el primer 30/60/90 estructurado fue el día que las contrataciones empezaron a funcionar.

Error cuatro: no le pagué lo suficiente. Le pagué dentro de banda de mercado, no por encima. Por puro miedo a sobrecomprometer caja. A los catorce meses recibió una oferta competidora un 18% más alta y se fue. Aprendí que el “ahorro” de no pagar bien al primero se traduce en el coste de reemplazarle, que es altísimo: tres meses de búsqueda más tres de onboarding del siguiente, todo mientras la agencia funciona a medio gas.

¿Qué pasa con los autónomos, los freelancers fijos y los falsos asalariados?

Antes de cerrar, una zona gris que merece capítulo propio. Mucha gente intenta esquivar la decisión de contratar al primer empleado en una agencia metiendo “colaboradores freelance fijos” o falsos autónomos que en realidad trabajan 40 horas semanales solo para ti. Lo entiendo, parece más cómodo. Pero es un error operativo, legal y estratégico.

Operativamente, un freelance fijo no se compromete igual que un empleado. Tiene otros clientes, otras prioridades, otra agenda. Te entrega lo pactado, sí, pero no piensa en tu negocio cuando se ducha. Y la diferencia entre alguien que piensa en tu negocio y alguien que no, es la diferencia entre crecer y estancarse. Legalmente, la Inspección de Trabajo en España persigue activamente los falsos autónomos, y la multa por uno solo puede empezar en 10.000 euros más cuotas atrasadas. No vale la pena.

Estratégicamente, una agencia construida sobre freelancers no es una agencia, es un equipo de dirección de proyectos. Eso puede ser válido para ciertos modelos, pero no es lo mismo. Si tu visión es construir algo más estable que tu propia capacidad, vas a necesitar empleados tarde o temprano. Cuanto antes asumas eso, antes empezarás a construir bien. El freelance fijo funciona como puente, no como destino.

Hay un escenario en el que sí tiene sentido: cuando todavía no llegas a la facturación recurrente para asumir el coste de un empleado, pero ya has cubierto picos puntuales varias veces. Ahí, mantener una bolsa de dos o tres freelances de confianza es la opción correcta. El error es quedarse ahí cuando ya hay volumen para contratar de verdad. He visto agencias bloqueadas durante años por no dar ese paso, y el techo que se pone una agencia que no se atreve a contratar es muy bajo.

Preguntas frecuentes

FAQ

¿Cuánto debo facturar antes de contratar al primer empleado en una agencia?
La regla que uso en Digitalvar es facturar de forma previsible al menos 12 veces el coste total mensual del nuevo empleado. Si vas a contratar a alguien con coste total de 2.800 euros al mes, necesitas tener facturación recurrente o muy previsible de mínimo 33.600 euros al año atribuibles, idealmente más. No cuentes proyectos puntuales, solo retainers o repetición demostrada. Si tu facturación está justo en ese límite, valora esperar uno o dos meses más para consolidar antes de firmar. Contratar al primer empleado en una agencia con la cuenta de explotación al límite es la receta para tomar decisiones por estrés en lugar de por estrategia, y eso siempre acaba mal. Mejor un trimestre tarde con margen que un trimestre antes con ansiedad.
¿Es mejor contratar perfil generalista o especialista como primer empleado?
Para una agencia pequeña casi siempre es mejor un perfil generalista con una especialidad fuerte, no un super especialista. La razón es que el primer empleado va a tocar muchas cosas, y un especialista puro se frustra rápido cuando le toca hacer tareas fuera de su zona. Buscas a alguien que pueda llevar cuentas variadas, gestionar clientes, ejecutar y, además, ser muy bueno en algo concreto que complemente tus fortalezas. Si tú eres muy bueno en estrategia y dirección, busca a alguien fuerte en ejecución y operativa. Si tú eres muy bueno en ejecución, busca a alguien con instinto comercial y gestión de cliente. La primera contratación tiene que cerrar tus huecos, no duplicar tus fortalezas. Esto es algo que aprendí tarde, y cuando lo apliqué, la agencia empezó a equilibrarse de verdad.
¿Y si fracasa la primera contratación? ¿Cuánto tardo en volver a intentarlo?
Si la primera contratación falla, lo más importante es no esperar mucho a volver a intentarlo, pero tampoco lanzarse al día siguiente. Dos o tres meses de reflexión, donde escribas qué falló (proceso de selección, onboarding, perfil equivocado, falta de presupuesto, tu propia gestión), son sanos. Más de seis meses sin volver a intentarlo es un síntoma de que el miedo está mandando, y de ahí no sale nada bueno. Yo, después de que se fuera mi primera contratación a los ocho meses, esperé cuatro meses. En esos cuatro meses reescribí mi proceso, hice el primer 30/60/90 serio y revisé la banda salarial. La segunda contratación funcionó. La tercera también. El fallo no es contratar mal una vez, el fallo es no aprender del fallo y repetirlo.
¿Qué pasa con las vacaciones, bajas y prestaciones del primer empleado?
Esto es algo que nadie te avisa hasta que pasa. Tu primer empleado va a coger vacaciones (legalmente, mínimo 22 días laborables al año en España), puede coger baja médica y, eventualmente, puede tener baja por paternidad o maternidad. Cuando solo sois dos, una ausencia de tres semanas es un problema real de operativa. Hay que planificarlo desde el primer día. Mi recomendación práctica es: cuando contratas al primero, deja escrito desde el contrato cómo se gestionan vacaciones (no se acumulan trimestres enteros, no se cogen todas en agosto, mínimo cuatro semanas de antelación). Y construye un colchón de caja específico para cubrir bajas: dos meses de salario completo apartados. No tocar para nada más. Cuando llega la baja inesperada, ese colchón es lo que te permite no tomar malas decisiones.
¿Cómo afecta a mi rol como fundador contratar al primer empleado?
Tu rol cambia el día uno. Antes eras ejecutor. Ahora eres ejecutor parcial y, sobre todo, jefe. Significa que parte de tus horas, mínimo el 30%, se van a ir en gestionar, formar, supervisar y comunicar. Si pensabas que ibas a seguir produciendo al mismo ritmo y "encima" tener a alguien que multiplique la capacidad, te equivocas. La capacidad neta sube, pero tu ejecución personal baja. Esto es bueno, aunque no lo parezca. Forzarte a dejar de ejecutar al 100% es lo que te obliga a construir procesos, sistematizar conocimiento y empezar a pensar como empresa. Las agencias que no dan este paso se quedan atrapadas en el techo del fundador para siempre. Las que lo dan, escalan. Pero hay que asumir la transición y, sobre todo, no luchar contra ella.
¿Conviene firmar contrato indefinido o periodo de prueba largo?
En España, el contrato indefinido con periodo de prueba de seis meses (para puestos cualificados) es lo más sensato en casi todos los casos. El contrato temporal está muy restringido tras la reforma laboral de 2022 y, además, da malísima señal al candidato bueno: nadie talentoso quiere un temporal cuando hay ofertas de indefinido sobre la mesa. El periodo de prueba bien usado es tu red de seguridad real. Durante esos seis meses, si la cosa no funciona, puedes desvincular sin indemnización por despido improcedente. Pero el periodo de prueba no es para "ver qué tal", es para confirmar lo que ya pensaste en la selección. Si llegas al mes cuatro y todavía no sabes si la persona vale, has fallado tú en evaluar, no la persona en cumplir.
¿Cómo justifico ante mí mismo el riesgo financiero de contratar al primer empleado en una agencia?
No lo justifiques: calcúlalo. El riesgo financiero de contratar al primer empleado en una agencia es real, pero el riesgo de no contratar también lo es, y normalmente es mayor. Haz dos escenarios: en uno, contratas y todo va razonablemente bien (no perfecto, razonable). ¿Cuánto facturas a los 12 meses? En el otro, no contratas y sigues como hasta ahora. ¿Cuánto facturas en 12 meses? ¿Cuántas horas trabajas? ¿En qué estado físico y mental llegas? Cuando hagas esas dos cuentas con honestidad, el riesgo de no contratar suele aparecer mucho más grande que el de contratar. Y, sobre todo, el coste personal de seguir solo se vuelve evidente. Yo cuando hice esa cuenta entendí que el verdadero riesgo no era contratar mal, era no contratar nunca y quedarme atrapado en una empresa de una persona para el resto de mi carrera. Esa imagen es la que me sacó del bloqueo definitivo.

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